Si existe una constante en la práctica asistencial de la gran mayoría de los profesionales sanitarios es la relación con el paciente. Incluso aquellas profesiones o especialidades que a priori parecen más alejadas del contacto directo con los enfermos se relacionan de alguna forma y en algún momento con ellos.
Se ha escrito mucho de los diferentes modelos de esta relación, pero mi intención no es hacer un resumen de esos manuales que seguro lo explican mejor que yo. Tampoco pretendo dar consejos ni una lista de datos a tener en cuenta para ser “buen profesional”, ya sabéis que es importante cultivar la empatía, la escucha activa y la confianza. Hoy me he decidido a escribir estos párrafos para recordaros y recordarme algunos aspectos importantes de esta peculiar relación y que también me hubiera gustado conocer al principio de mi formación.
Empezando por la formación, seguro que muchos de vosotros ya sois conscientes que en los estudios de grado o ciclo formativo apenas se enseñan estos aspectos. Sí, se os explicará de una forma más o menos extensa (y más o menos aburrida) los elementos comunicativos, los diferentes roles o los cambios de éstos que han ido surgiendo en la relación profesional sanitario-paciente a lo largo del tiempo, pero siento deciros que ninguna lectura sustituirá al aprendizaje que supone el día a día con el enfermo. Esto implica que las primeras veces, y muchísimas más a lo largo de toda vuestra carrera, vienen cargadas de ilusión y vértigo. Nadie os puede negar que supone un reto importante, pero os aseguro que la relación con vuestros pacientes será lo más gratificante y estimulante de esta profesión. Pero que no esté todo en los libros no implica que no nos formemos en estrategias de comunicación o formas de mejorar nuestra inteligencia emocional, que siempre nos serán útiles en cualquier ámbito de la vida. También hay publicados varios libros interesantes de profesionales que cuentan su experiencia en primera persona con los pacientes o incluso desde su propia experiencia como pacientes. Tal vez algún día escriba recomendando algunos…
Obviamente este no es un camino de rosas y habrá momentos complicados o desagradables. Trabajamos con personas que están pasando por algunos de los momentos más difíciles de su vida, tenemos que comunicar malas noticias o acompañar en situaciones de miedo y gravedad vital. Otras escenas vendrán cargadas de alegría o cualquier otra emoción humana y debemos mantener nuestra profesionalidad, especialmente cuando nos toque enfrentarnos a decisiones difíciles condicionadas por múltiples variables. Las cosas no siempre evolucionan de la mejor manera y nos podemos encontrar toda clase de reacciones para las que en muchas ocasiones no estaremos preparados, creedme si os digo que la sorpresa también es parte de esta profesión.
Es muy importante tener en cuenta que los pacientes son la figura protagonista de todo, estamos donde estamos para atenderles y no son un simple número de historia, unos datos andantes o un diagnóstico que habla. Por tanto, nos hemos de adaptar a sus circunstancias y necesidades, debemos estar atentos no solo a los resultados de sus exploraciones sino también a muchas de sus circunstancias vitales que condicionaran el curso de su enfermedad. Y es que cuando hablamos de un paciente también hemos de tener en cuenta a su entorno, amigos, familiares, cuidadores o la ausencia de ellos para planificar la atención más adecuada en cada situación. También estos acompañantes necesitarán de nuestra atención, de una u otra manera, a lo largo del proceso terapéutico.
Por otra parte, los profesionales también somos personas y como tales no podemos actuar de la misma forma en todo momento, pero es que tampoco debemos exigirnos. Aunque sepamos la teoría, nuestro trabajo puede estar condicionado por las circunstancias personales, familiares o laborales de cada etapa. Nosotros también podemos tener, y tenemos, problemas de salud física o mental, podemos estar preocupados por un familiar o enfadados puntualmente por multitud de motivos. Mentiría si dijera que es fácil dejar todo esto fuera de la consulta. Y también a la inversa, si la relación con el paciente se aprende en el día a día, también es necesario aprender cómo la gestión de esa relación y de la actividad laboral en general puede condicionar el resto de nuestra vida. Debemos aprender a cuidarnos ya que nuestro bienestar repercutirá en una relación más sana con nosotros mismos y con los pacientes. Es tremendamente importante reconocer qué situaciones nos hacen daño o nos desbordan y pedir ayuda cuando sea necesario.
Para finalizar, solo quiero recordaros que como cualquier otra relación humana aquella que se establece con los pacientes nos hará aprender y madurar, independientemente de nuestra edad, nos puede hacer reír o llorar, tal vez será divertida y reconfortante o distante y tensa. Aun así, pondremos toda nuestra profesionalidad para mantener y establecer la imparcialidad, confianza y cordialidad necesarias, todo ello sin olvidar el bienestar de ninguna de las dos partes.
Àngels Royo Peiró
Especialista en Oncología Médica