Uno de los aspectos básicos a la hora de compartir vivienda con mis compañeros profesionales sanitarios es establecer una buena convivencia, dicho de esta manera parece sencillo, pero en ocasiones no lo es.
En este artículo te vamos a presentar, desde un punto de vista psicológico, los principales impedimentos a la hora de establecer una buena convivencia y cómo poder superarlos sin grandes dificultades para sacar el máximo rendimiento en tu proceso de residencia.
Las grandes barreras en una buena convivencia
Como hemos comentado, varias pueden ser las dificultades a la hora de establecer una buena convivencia entre todos. Te vamos a resumir en tres puntos los focos más habituales de conflictos.
- La falta total y absoluta de respeto hacia nuestros compañeros: Es evidente que todas las personas no pensamos de la misma manera ni reaccionamos del mismo modo ante similares situaciones, en la convivencia se ha de poner de manifiesto la tolerancia a las opiniones distintas aunque no se esté de acuerdo con ellas.
- La falta de sensibilidad y tacto: otro de los aspectos tremendamente negativos a la hora de establecer una buena convivencia es la carencia de estas aptitudes, se pueden decir las cosas si se pueden decir y hacer las cosas de buenas maneras.
- La anarquía, la falta de higiene y la falta de comunicación: aspectos tremendamente claves a la hora de fomentar unas buenas relaciones, tener comportamientos desorganizados, así como ser poco cuidadoso con los materiales, tener mala higiene corporal y la carencia o falta de comunicación entre nosotros suele ser también fuente de conflictos a la hora de establecer una buena convivencia.
La educación y la empatía, dos pilares básicos de la buena convivencia.
Ya hemos visto pues los principales impedimentos a la hora de establecer una buena convivencia con nuestros compañeros, pero, ¿cuál sería la propuesta para poder solucionar todos estos aspectos? Veamos.
- Lo primero que tenemos que tener claro a la hora compartir piso con nuestros compañeros es que cada uno de nosotros entramos en la vivienda con una carga cultural y formativa determinada. Es decir cada uno es hijo y fruto el entorno en el que se ha desarrollado, es lo que la psicología popular ha denominado siempre como educación, de esos entornos y formaciones recibidas surgen determinados comportamientos.
- Es decir, cada uno de nosotros tiende a comportarse de manera diferente ante las mismas situaciones y tenemos una respuesta similar o no a la de nuestros compañeros de piso. Por tanto una de las primeras tareas sería la de reconocer que, según la educación popular, lo que para unos es bueno para otros es veneno.
- Dicho esto y teniendo clara el hecho cultural que tenemos cada un@, aceptadas estas diferencias entra en juego el segundo pilar básico al hablar de una buena convivencia, es decir la empatía.
- A través de la empatía vamos a poder superar todas las diferencias y dificultades que hemos estado indicando en el primer punto del artículo. Siendo capaces de escuchar a través de los oídos ajenos, de ver con otros ojos y de sentir lo que siente nuestros compañeros.
Dialoga, comparte y ponte en la piel de los demás.
Visto todo lo que hemos visto en el artículo, desde un punto de vista psicológico, se impone el diálogo y la buena comunicación entre todos a la hora de fomentar una buena convivencia.
Mi consejo profesional es que en la medida de lo posible vuelvas al cara cara, nos olvidemos un poco del móvil y las redes sociales, fomentemos los diálogos entre compañeros de piso.
Preocúpate de ver cómo siente, cómo percibe, cómo piensa la persona y personas que tienes a tu lado y reduce al máximo el uso de las nuevas tecnologías en la convivencia diaria con tus compañeros, comparte aficciones y tareas de casa.
De otra manera acabaréis teniendo una convivencia autista en la cual cada uno es él y sus propias circunstancias y desconoce en gran parte la vida aquellos con los que convive día a día.